Detrás de la puerta número 7

de Mariposa sin Jaula (Poemario Nocturna)

 
Él es así.
Sabe que a veces lo dejo colgado de un árbol
pero que siempre vuelvo a recogerlo.
 
Ya no le puedo mentir en eso de que al amor lo mata la lavandina,
entonces supongo reflexionar acerca de esta huelga de silencios caídos.
 
Su libro de filosofía para párvulos
no me interesa más allá del cordón de la vereda.
 
(Si sólo con chasquear los dedos apareciera
entonces sí que la muerte valdría más de dos monedas)
 
No es casual que primero haya elegido un cigarrillo,
una mañana escapando descalza en el barro,
la persiana plástica de su mejor amigo
y los seiscientos veintisiete minutos mirando fijo al suelo.
 
Pero él es así.
 
Mastica las palabras en su boca eternamente,
siempre me ofrece una silla aunque sé que sus ojos me prefieren de pie,
que caminaría de rodillas a Luján si alguien me enseñara a callar
y que tal vez, ahora mismo, esté vengándose de mi esqueleto
con alguna pose platónica en la escalera de la vecina.
Sé que a veces nos miramos tanto que nos olvidamos
y que el arribo de una mirada remonta la sevillana del silencio.
 
Que es la misma razón por la cual me resulta degollada la vida,
haberlo probado y que me lo avienten al otro lado de la calle
cuando en lugar de sus manos en los bolsillos me dejan la noche.
 
Ya su asoleada ternura ha sembrado vaivenes en la distancia,
cinco o seis caramelos empotrados en el cenicero de vidrio,
más audacia que timidez
y una tintorería desbordada de pieles mustias.
 
Él es así y por eso duele,
más o menos como un beso.
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